Encuentro con Sábato y con Ebay

No hago esta entrada para contar mi encuentro con Ernesto Sábato, pero podría ser una buena excúsa (¿si no cuando?).

En una época a las claras menos iluminada que ésta, tuve el afán de presentarme ante el mismísimo Ernesto Sábato para decirle que lo admiraba muchísimo. Fue en la librería Homo Sapiens, en el año 1995. El escritor se había llegado hasta el local a firmar algunos ejemplares y a dar una aburrida charla sobre Juan Lavalle, excúsa a su vez del recital que daría por la noche junto a Juan Falú.

ERNESTO SÁBATO

ERNESTO SÁBATO

Con una actitud cuanto menos contradictoria, hice cola durante más de dos horas y llegué hasta él con las manos vacías: digo, no llevaba ningún libro para que me firme. Y no es que lo hubiese perdido en el camino hasta él, no. No lo había llevado y era conciente de ello. Es más, cuando notamos que llegaba hasta el escritor con las manos vacías, tuve enormes dudas respecto si lo mejor en ese momento era salir del local o comprarme alguna flamante edición de Sobre héroes y tumbas.

No hice ninguna de las dos cosas y llegué hasta el anciano, como dije, sólo con lo puesto. Sábato me escrutó (palabra borgeana por excelencia) con unos ojos cansados y pequeñitos que detrás de sus anteojos se veían profundos y surrealistas. “No traje nada”, le dije, mitad excusándome, mitad demostrándole. “Muy bien”, me respondió. Pero como suele ocurrirme aún hoy, llegada esa instancia me sentí un marmota. Dos horas de cola para decirle eso. Se hizo un silencio que Sábato aprovechó para saludar a mi novia de entonces, María José. “Hola”, se dijeron como en un susurro. “Quería decirle que lo admiro mucho”, cerré el diálogo. Entonces, en un gesto de gran nobleza que jamás olvidaré, Sábato me tomó la mano derecha y me dijo “Yo hice todo lo que pude y no alcanzó”. Acto seguido, y en una muestra cabal de insolencia, lo contradije: “Claro que alcanzó”, le dije. “No sirvió de nada”, masculló, empacado. Se dió otro silencio, tal vez más breve que el anterior pero más significativo. Él ya no diría más y yo no debía decir más. Me acerqué y le di un beso y el me apretó un poco más la mano derecha. Luego, medio presionados por los que seguían en la fila, me retiré lentamente con la extraña sensación de haber vivido un momento difícil de olvidar.

Y es así que, mientras escribo esto, no puedo dejar de ver su mirada y oir sus palabras. Un grande, sin dudas.

Carta de Ernesto Sábato en Ebay

Hoy, 13 años después de aquel encuentro, dando vueltas, me encontré con una carta de Ernesto Sábato que alguien, dando vueltas, encontró en Ebay. Lo curioso es que no se trata de una carta a otro intelectual o a un amigo, como ocurre generalmente en estos casos, si no de una carta a una de sus “seguidoras“. Acosadora, sería el término más apropiado por lo que se desprende de la lectura de la misma. “… para alguien que pretende ser futura escritora, no se dice ‘me encantaría que me contestaría’, sino ‘me encantaría que me contestara’“, le explica Sábato en sus líneas.

CARTA. De Ernesto Sábato a una seguidora de su obra.

CARTA. De Ernesto Sábato a una "seguidora" de su obra.

Un hallazgo realmente. Sobre todo para la propietaria actual que la vende nada menos que a us$800. Cifra nada despreciable por ser que se trata de una carta algo ofensiva del escritor.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Cosas Inútiles, Subjetividades

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s