Archivo diario: Viernes 15 mayo 2009

Imginando que en el mundo viven sólo 100 personas

El trabajo de Ng Kwong de Toby es maravilloso. Primero.

Segundo: es un diseñador gráfico con un portfolio en la web. Vive en Hong Kong. La población en esa ciudad supera ampliamente los 7 millones, así que no es tan descabellado que se le haya ocurrido pensar en un mundo con 100 personas. Lo que hizo, entre otras cosas, es una serie de letreros con datos estadísticos “reales” aplicados a este “mundo imaginado”. De esta manera, en lugar de pensar en un planeta donde hay 855.643.266 personas analfabetas y unas 5.923.553.234 que no lo son, Ng de Toby nos cuenta cómo son las cosas en su (éste) mundo: 14 personas no sabel leer y escribir, mientras que 86 saben hacer ambas cosas.

Lejos de reducir el impacto de los enormes y abrumadores números, la sencilléz de los datos nos permite un abrupto y esclarecedor acercamiento a una realidad que, por su inmencidad, no podemos abarcar con nuestra mirada acostumbrada a la revista del domingo. Este mundo de 100 personas, sólo tiene 1 infectado de HIV, por eso los otros 99 siguen su vida como si nada ocurriera. De las 100 personas que hay, sólo 7 tienen una computadora; el resto no. Pero esta sociedad de 100 tipos, además, sólo permitió que 1 persona consiga un título universitario. De 100, sólo 1. Otro dato más: de las 100 personas hay 6 que tienen la mayor parte del dinero; el 59%. Después hay 74 tipos que pelean diariamente por el 39% del dinero, mientras que las 20 personas que quedan se reparten el 2% sobrante. No parece esta, bajo ningún punto de vista, una sociedad justa, ¿no?.

Pero quédese en paz, usted está probablemente entre los 7 que tienen computadora, yo soy otro, y seguro que además usted conoce a alguno. Venga, pase a ver el resto de los afiches de Ng de Toby. Un diseñador gráfico que vive en Hong Kong.

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¿Por qué el Snooze intenta despertarte cada nueve minutos?

Mi despertador es mi teléfono móvil. Me acostumbre a eso hace años. No tuve muchos teléfonos, pero los que tuve venían con el snooze programado para despertarme cada 9 minutos a partir del primer llamado de la alarma. A esa hora, 05:35 am en mi caso, todos y cada uno de los minutos con los que uno cuenta son vitales y pueden, frecuentemente, determinar con qué humor uno se va a enfrentar al mundo. El último snooze con el que estoy lidiando (que lidia entre la verticalidad y yo) tiene una particularidad: me “avisa” que postergó la alarma 9 minutos. Es decir que, en mi caso, ésta volverá a sonar a las 05:44 am.

Ahora que mis abuelos se fueron al cielo y mis padres aún son jóvenes, sólo me queda Internet para averiguar por qué es que ocurre este caprichoso fenómeno de los nueve minutos. E Internet no me ha fallado. Fíjense:

Cuando se inventó el snooze, allá por los años 50, los engranajes de los relojes ya habían sido estandarizados en ciclos de 10 minutos. La intrusión de un nuevo engranaje que sirviese para la función snooze obligó a los ¿científicos? a resolver un dilema: para que el resto de las funciones del reloj no se “desconfiguraran” (sincronía) determinaron que el ciclo del snooze debía ser mayor o menor de 10 minutos, pero no de 10. Según parece, concluyeron en que más de 10 minutos era un tiempo demasiado largo para prolongar el sueño y que, claramente, las personas caerían nuevamente en los brazos de Morfeo de modo fatal y profundo, así que se estableció que una prolongación de 9 minutos era más que suficiente para continuer durmiendo pero, aún así, conservar el recuerdo de que había que levantarse.

Otro fato interesante es que, con el tiempo, la llegada de los relojes digitales permitió que el tiempo del snooze pudiese determinarse caprichosamente. Sin embargo, dicen, la mayoría de las personas ya prefería el lapso inicial de 9 minutos y los fabricantes no dudaron en satisfacer dicha demanda.

Por eso.

Fuentes: Mental Foss | The Stright Dope

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